
Mona, la mariposa que
volaba diferente
Mona, la mariposa que volaba diferente, es una historia profunda y sensible sobre el autismo, la discapacidad, la inclusión y el amor incondicional. Después de un largo viaje migratorio desde Canadá hasta México, Mamá Monarca llega a la Sierra Chincua, en Michoacán, donde nacen sus tres hijas: Mari, Fly y Mona.
Mientras sus hermanas crecen con ligereza, Mona avanza a su propio ritmo. Observa el mundo de manera distinta y percibe cada sonido, color y movimiento con una intensidad especial. Su ala derecha es diferente, y eso la convierte en blanco de burlas, juicios y críticas. Fly, su hermana, no comprende su forma de sentir; otras mariposas murmuran que Mona “vive en su propio mundo”.
Pero Mamá Monarca sabe algo esencial: su hija no está rota… simplemente escucha el mundo de una forma que los demás no pueden entender. Mona camina en círculos para calmarse, se cubre las antenas cuando el ruido la abruma y necesita silencio para sentirse segura.
Su historia representa a muchos niños que viven la realidad desde una sensibilidad distinta y que, con frecuencia, enfrentan incomprensión o rechazo. Cuando una lagartija intenta atacarla, Mamá Monarca la protege con valentía, recordando que el amor también es defender, permanecer y acompañar.
Este cuento invita a niños, padres y educadores a mirar la neurodiversidad con ternura, respeto y empatía, entendiendo que cada ser tiene su propio ritmo para florecer.

Los símbolos
Cada personaje, lugar y situación funciona como un símbolo diseñado para ayudar a los niños a comprender el mundo que los rodea. Los adultos pueden aprovechar estas herramientas narrativas para enseñar a sus hijos valiosas lecciones sobre la vida.
Símbolos del cuento
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El viaje migratorio — La vida y sus cambios
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El ala diferente de Mona — Neurodiversidad y diferencia
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El ruido y el viento — Ansiedad y sobreestimulación
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Caminar en círculos y repetir palabras — Calma y autorregulación
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Las mariposas que murmuran — Prejuicios y bullying
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La decisión de no migrar — Respetar el ritmo de cada niño
Símbolos de los personajes
Lectura psicológica para Padres y Educadores
Texto por: Patricia Feldman
Psicóloga, Psicoanalista con orientación Transpersonal
Formada en Budismo
El cuento aborda una temática que nos toca de cerca a todos, ya sea porque la hayamos vivido nosotros mismos en la infancia o en la adultez, o porque la hayamos observado en quienes nos rodean. Es lo que Virginia Gawel llama “sentir que uno no encaja en el mundo”. Todos queremos ser queridos y aceptados, y el temor a la soledad y al rechazo es una experiencia profundamente humana y frecuente.
Recordemos, sin embargo, algunos puntos:
Aceptar la diferencia, sea propia o ajena, no es algo que se enseñe de una vez, sino un proceso que se acompaña, se modela y se sostiene en el tiempo.
Cuando un niño tiene capacidades diferentes, lo primero es ayudarlo a construir una identidad que no quede reducida únicamente a eso. El niño no es su diferencia: la tiene, así como tiene un carácter, gustos, fortalezas y límites. Es clave hablarle con verdad, sin dramatizar ni esconder, usando palabras acordes a su edad, pero siempre desde una lógica de dignidad: “Esto es parte tuya, no te define por completo y no te hace menos valioso”. La aceptación nace cuando el niño siente que puede ser querido sin tener que parecerse a los demás.
También es fundamental que el adulto legitime las emociones difíciles. No apresurar el “todo está bien” cuando hay enojo, tristeza o frustración. Poder decirle: “Entiendo que esto a veces duele, y está bien sentirse así”, le da permiso para procesar lo que vive sin vergüenza. La verdadera fortaleza no nace de negar la herida, sino de poder mirarla acompañado.
Otro punto central es ayudarlo a reconocer sus capacidades reales, no desde la comparación con otros niños, sino desde su propio recorrido. Celebrar pequeños logros, avances personales e intereses propios. La autoestima se construye cuando el niño siente competencia en algo significativo para él, no cuando intenta encajar en moldes ajenos.
Cuando nuestro hijo no tiene capacidades diferentes, pero convive con otros que sí en la familia, la escuela o su entorno, el trabajo consiste en enseñarle que la diferencia no es una amenaza. Los niños naturalmente observan y preguntan; el problema no es la pregunta, sino el silencio adulto. Explicar con naturalidad, sin exagerar ni minimizar, ayuda a que el niño entienda que no todos funcionamos igual, pero todos merecemos el mismo respeto.
Es importante enseñar que igualdad no significa que todos reciban lo mismo, sino que cada uno reciba lo que necesita. Eso previene celos, burlas o la falsa idea de injusticia. Cuando un niño entiende esto, puede desarrollar empatía en lugar de rechazo.
Los padres tienen un rol clave, quizás el más importante, porque los niños no aprenden tanto por lo que se les dice, sino por lo que ven. La forma en que los adultos hablan de la diferencia, la discapacidad, la lentitud, la dificultad o el error modela directamente la mirada del niño. Si en casa hay ironía, discriminación, estigmatización, lástima excesiva, sobreprotección o negación, todo eso se filtra y va entrando, aunque no se diga con palabras. Si hay respeto, calma y aceptación, también.
Otra tarea fundamental de los padres es cuidar el relato familiar. No convertir la diferencia en un secreto ni en un drama permanente. Integrarla a la vida cotidiana sin que todo gire alrededor de ello. Y, al mismo tiempo, intervenir cuando haya burlas, exclusión o violencia, enseñando límites claros: aceptar la diferencia no significa tolerar el maltrato, ni hacia uno mismo ni hacia otros.
Por último, algo muy importante: enseñar que todos, absolutamente todos, somos diferentes en algo. Algunos lo tienen más visible y otros menos. Cuando el niño entiende que la diversidad es parte de la condición humana, deja de pensar en términos de “normales y distintos” y empieza a pensar en personas.
En síntesis, la autoaceptación o la aceptación de quien es más visiblemente diferente nace cuando el niño vive en un entorno donde se siente visto, comprendido y valorado tal como es, y cuando los adultos que lo rodean transmiten, con palabras y actos, que la diferencia no resta humanidad: la amplía.
Mensaje de la autora
Mona nació como un homenaje a todos los niños que perciben el mundo de manera distinta y a las familias que los acompañan con amor, paciencia y valentía. Este cuento busca recordarnos que no todos vuelan al mismo ritmo… y que volar diferente también puede ser hermoso.






