
El Viaje de las Tortugas
Este cuento es una historia profunda y sensible sobre la vida, la pérdida y el duelo. A través del nacimiento de varias tortugas marinas, el cuento muestra cómo cada ser recorre un camino distinto: algunos avanzan con valentía, otros enfrentan peligros inesperados y algunos deben despedirse antes de tiempo.
Layla, Nono, Sisi y Calmida descubren que crecer también implica aprender a soltar, aceptar los cambios y comprender que el amor permanece incluso cuando alguien ya no está físicamente.
Es una historia que acompaña a niños y padres a hablar sobre la muerte, las despedidas y las distintas etapas de la vida desde una mirada amorosa, natural y esperanzadora
Símbolos del cuento


Cada personaje, lugar y situación funciona como un arquetipo universal diseñado para ayudar a los niños a comprender el mundo que los rodea de forma segura.
Los adultos pueden aprovechar estas herramientas narrativas para enseñar a sus hijos valiosas lecciones sobre la vida, los riesgos, las pérdidas y muertes de personas amadas; así como la importancia de desarrollar fortalezas tanto internas como externas.
Símbolos del cuento
-
El mar: Vida
-
La playa: Comienzo
-
El remolino: Crisis
-
El buzo: Ayuda
-
Freya: Protección
-
Sisi: Esperanza
-
Oli: Sabiduría
Personajes del cuento
Lectura psicológica para Padres y Educadores
Texto por: Patricia Feldman
Psicóloga, Psicoanalista con orientación Transpersonal
Formada en Budismo
Alrededor de los cinco o seis años, la mayoría de los niños comienzan a hacer preguntas sobre la muerte, pero solo tienen una comprensión rudimentaria del peligro. A los siete años, pueden sospechar que también morirán algún día, y sus preguntas pueden centrarse en los aspectos físicos de la enfermedad y la muerte. A los nueve o diez años, la mayoría de los niños están listos para recibir respuestas directas y completas a todas sus preguntas.
No podemos ni debemos proteger a nuestros hijos de la realidad evitando temas desagradables como la muerte. Experimentarán sus propias pérdidas, ya sea de una mascota, un pariente lejano o un vecino, y verán mucha destrucción en la televisión y en las películas. Deben poder hablar de ello, expresar sus temores, hacer preguntas y obtener respuestas reales.
Las sugerencias que te propongo aquí tal vez sirvan de guía para introducir el tema de forma natural:
Respondámosle al niño con honestidad y cariño. Puede que sea más fácil usar medias verdades, pero no es lo mejor. Los niños necesitan respuestas para poder manejar conceptos abstractos.
Respondamos las preguntas a su propio nivel. Cuando tu hijo de cuatro años pregunte: “¿Adónde fue Abuelito cuando murió?”, dale respuestas sencillas; las respuestas complicadas solo lo confundirán. Una explicación sencilla y coherente con tus creencias religiosas, si las tienes. O podrías intentar explicar el ciclo de la vida, como en este cuento de las tortuguitas, pero también puedes usar como ejemplo los cambios de estaciones, etc.
Es importante usar palabras apropiadas. No evitar términos como matar, morir o muerto, ya que los niños ya los conocen y usan estas palabras.
Evitemos las medias verdades y los cuentos de hadas. No hay que decirle que el abuelo se ha ido de viaje; él podría interpretar eso como que su abuelo no lo quiere o que volverá en cualquier momento. Tenemos que decirle que el abuelo lo quería mucho, pero que no puede volver. Tampoco asociemos la muerte con el sueño, porque el niño podría tener miedo de dormirse, ni digas que la tía Mary murió porque estaba muy enferma, porque no quieres que tu hijo tema que cualquier enfermedad, la suya o la tuya, pueda acabar en la muerte. Es importante recordarle que la mayoría de la gente se cura o se recupera.
Hay que también enfocarse en la vida. Después de haber hablado con honestidad sobre la muerte y de haberle dado al niño la oportunidad de expresar sus sentimientos y temores al respecto, entonces debemos concentrarnos en la vida. Hablemos sobre vivir de manera saludable para tener una vida larga: comer adecuadamente, hacerse chequeos médicos, hacer ejercicio, etc. Esto le da al niño cierta sensación de control sobre su cuerpo.
Una cosa muy importante es enseñarle al niño los ciclos, los ritmos de la vida. La mejor manera de aprender sobre la muerte es conociendo la vida. Ni bien sea capaz, estaría bueno que plante algo en el jardín, y que observe y hable sobre las fases de la naturaleza. Es bueno tener mascotas que le enseñen sobre el amor, la vida y la responsabilidad, así como sobre la muerte. Cuando una mascota muera, es fundamental hacerle un funeral y enterrarla, por ejemplo, y no reemplazarla inmediatamente.
Otra cosa importante es poder hablar de enfermedades graves. Cuando un pariente cercano o un amigo esté muy enfermo, no deberíamos excluir a los niños de la conversación y dejarlos imaginar lo que está sucediendo. Hay que darles información, por supuesto dependiendo de su edad, personalidad y situación.
Ellos necesitan saber cuando alguien cercano está muy enfermo, aunque no necesariamente decirles de inmediato si la enfermedad es terminal. Se les puede ir diciendo que la persona está muy enferma, que los médicos están tratando de ayudarla a mejorar, pero que todavía no han podido, y así sucesivamente. Los niños necesitan oportunidades para hablar sobre la situación antes de que ocurra una crisis; si no, pueden llegar a conclusiones erróneas e incluso culparse a ellos mismos por la muerte. Tal vez alguna vez desearon que su hermano muriera, o quizá piensen que esto no habría ocurrido si hubieran rezado más, si hubieran sido muy buenos o si no se hubieran enojado con la persona querida por estar enferma y no disponible para ellos. En cambio, si los mantenemos al tanto, podemos ir hablando sobre sus sentimientos a lo largo del proceso.
Es de suma importancia permitir que el niño exprese sus emociones: cuando el niño se entere de que alguien está muy enfermo o ha muerto, por supuesto sentirá lo mismo que los adultos solemos sentir: negación, ira, desesperación, culpa y miedo, sobre todo de que lo mismo le ocurra a él o a otras personas que ama. Hay que hablar de esos sentimientos y no negarlos; deja que te diga cómo se siente y dale seguridad y apoyo. Luego, dile que es normal y aceptable sentirse mejor después de un tiempo. Dile que dejar de estar triste toma tiempo (esto es especialmente cierto en la muerte de un padre). Siempre extrañará a la persona, pero con el tiempo se sentirá mejor.
Por otro lado, un niño puede sentirse culpable porque no se siente triste por la muerte de un primo lejano, por ejemplo. Debes decirle que tú estás triste porque creciste con ese primo, pero que él nunca lo conoció realmente.
Finalmente, hay que preparar al niño para los rituales.
En ese sentido, se trata de tu propia decisión respecto de si el niño debe asistir a un funeral; todo depende de su edad, personalidad y situación. Muchos expertos sugieren que un funeral no es una experiencia emocionalmente útil para un niño menor de cinco o seis años. Tampoco lo es para un niño mayor si sabes que el funeral será una ocasión muy emotiva. Si el niño siente firmemente que prefiere no asistir, hay que respetar sus deseos y no menospreciarlo por ello.
Hay que explicarle los rituales, lo que va a ocurrir en la iglesia, el templo, el cementerio o en casa, todo con anterioridad. Explicar también cómo actuará la gente y qué verá u oirá el niño.
Lo fundamental en esta circunstancia tan importante de la vida de una familia es el amor, la calma y la aceptación. En última instancia, es a través de cómo la enfrenten los adultos más cercanos a él como el niño aprenderá de esta experiencia el valor, la maravilla, el milagro y el misterio de la vida.
Mensaje de la autora
El Viaje de las Tortugas nació como un homenaje profundo a mi familia.
Quise escribir esta historia para acompañar a los niños y familias a hablar sobre las pérdidas, las despedidas y los cambios que forman parte de la vida. A través del viaje de estas tortugas, el cuento recuerda que, aunque el dolor y las ausencias existen, el amor, los recuerdos y los vínculos que construimos permanecen en nuestro corazón.











